El Maremoto de 1992: cuando el mar se llevó a más de 170 nicas

La noche del 01 de septiembre de 1992 los nicaragüenses del litoral pacífico se aprestaban para terminar los últimos trabajos del día. Algunos ya estaban prestos frente al televisor para ver noticias o telenovelas. Algunas amas de casa concluían sus labores domésticas. Otros, como es costumbre en zonas alejadas de la capital, ya posiblemente dormían para levantarse temprano el día siguiente. Los pescadores, en cambio, estaban ya mar adentro faenando para traer en la madrugada el sustento diario.

Un sismo, que no se sintió fuerte, provocó grandes movimientos de masas de agua que dieron origen a un tsunami. Este “maremoto” terminó impactando y causando devastación en 250 kilómetros de costa del pacífico de Nicaragua.

De pronto, todos los testimonios a que escucharon algo como un “bujido”, una tronazón que cuando lograron ver se dieron cuenta era la masa de agua invadiendo los hogares cercanos a la playa. Fue una catástrofe que a más de dos décadas dejó lecciones aprendidas.

Cuando faltaba un cuarto para las ocho se registró un fuerte sismo en el pacífico nicaragüense. “El epicentro del maremoto de Nicaragua en 1992 estuvo ubicado en las coordenadas 11.4 grados norte y 87.2 oeste grados y estuvo localizado a una distancia de 78.2 kilómetros de la costa, frente a Puerto Sandino”, declaró el geólogo Eduardo Mayorga, quien estudió Geología y Geofísica en Bulgaria, para luego ser docente en la UNI.

“Hubo un terremoto con magnitud fuerte, que ocasionó un deslizamiento en la zona de colisión de las placas tectónicas. Eso ocasionó que un bloque del lecho marino se desplazara hacia abajo, y ese espacio fuera ocupado por una masa de agua que fue ascendiendo de manera vertical, formando las olas en mar abierto que fueron propagándose hacia distintas direcciones. Así se generó el tsunami”, es lo que agrega Mayorga acerca de las causas que provocan los maremotos, o tsunamis.

Infografía del tsunami 1992 - NicaraguaLas olas que el tsunami genera no necesariamente son altas desde su formación. Sino que mediante van desplazándose por el mar van acercándose a la costa a cierta velocidad. Al acercarse a la costa, la profundidad del mar disminuye y la ola “crece” en altura. Y en dependencia de la altura y la velocidad la ola penetrará hasta donde encuentre una altura que le bloquee en su ingreso a tierra.

Las olas que se produjeron en 1992, a causa de ese maremoto, alcanzaron hasta 120 kilómetros por hora y en algunos puntos tuvieron una altura hasta de 9 metros.

El epicentro del maremoto estuvo ubicado frente a las costas de Puerto Sandino. La intensidad del sismo fue de 7.2 en la escala de Richter. Fue provocado por la colisión de las placas Coco y Caribe. Las playas de Poneloya, El Tránsito, Masachapa, Pochomil, Montelimar, Casares, La Boquita, Huehuete, Popoyo, Playa Marsella y San Juan del Sur fueron las más afectadas. Playas mejor protegidas por muros naturales lograron resistir el impacto del tsunami sin muchas complicaciones. Playas de la zona de Chinandega también fueron impactadas por el maremoto, aunque Corinto tuvo la suerte de contar con las islas frontales que protegieron y bloquearon la mayor fuerza del oleaje.

Pero el saldo de este fenómeno fue letal para Nicaragua. Más de 170 muertos, 63 desaparecidos y casi 500 lesionados. Se calcula que unas 13,000 personas quedaron sin hogar y fueron trasladados a albergues temporales en las ciudades cercanas.

La migración de la gente de la playa fue impresionante. La gente tuvo que abandonar la playa y buscar refugio en las ciudades cercanas. Las fuerzas del Ejército, así como rescatistas de la Cruz Roja trataron de hacer lo posible por rescatar a la mayor cantidad de personas de las playas.

Falló detección de tsunamis pero experiencia impulsó mejoramiento del sistema de alerta temprana

Todos los pobladores de las zonas costeras coincidieron en algo. El temblor previo al tsunami fue sentido, pero no fueron sacudidas fuertes. Fue una sacudida tan leve que las primeras mediciones sísmicas indicaban que el temblor era de 6.8 en la escala Richter.

El temblor sucedió a las 7.16pm hora local. Y el patrón de movimientos no fue típico de un gran terremoto. Sin embargo, como se conseguiría entender después, no es necesario que hayan movimientos bruscos en las placas tectónicas para que se den movimientos grandes en las masas de agua. Basta con un movimiento, que aunque lento y gradual, logre desplazar una gran cantidad de agua que provoca las olas altas con la velocidad necesaria para llegar a las playas, tal como ocurrió en 1992.

Desde ese entonces el legado del maremoto de 1992 en Nicaragua fue un aprendizaje no solo para nuestro país, sino también para lo geólogos a nivel mundial. Desde entonces los sistemas de alerta de tsunami empezaron a tomar en cuenta que la magnitud de un sismo no determina precisamente si se producirá o no un tsunami. Sino que entran en análisis una serie de factores que los sismómetros actuales y el conocimiento histórico permiten ahora alertar de manera más efectiva la posiblidad de un tsunami.

Las playas de Jiquilillo, Corinto, Poneloya, Puerto Sandino, Pochomil, Casares, El Tránsito, La boquita y San Juan del Sur cuentan con un sistema de monitoreo que consiste de estaciones mareográficas (para vigilar el nivel del mar), la red sismográfica del INETER y alarmas para alertar a la población ante probables eventos como aquel del lejano y catastrófico 1992.

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