El Diálogo que quiere Daniel Ortega es un monólogo

Daniel Ortega no quiere sentarse a dialogar. Lo que pretende Daniel Ortega es transformar el Diálogo Nacional en un monólogo. Pretende crear un standup de tragicomedia. Volver a dar un discurso sobre cómo ha sido “paciente” para soportar reclamos. Sobre cómo ha tenido la sabiduría de aguantar a la oposición para regalarnos su paz.

Desde el 18 de abril del 2018, que se abrió la puerta de un Diálogo, su objetivo ha sido recuperar el control social – político del país. Pero sobre todo su objetivo ha sido conservar su poder político y económico, aunque cueste sangre y dolor a Nicaragua.

Rosario Murillo y Daniel Ortega durante sesión inaugural del Diálogo Nacional
Rosario Murillo y Daniel Ortega durante sesión inaugural del Diálogo Nacional

Las primeras sesiones del Diálogo, donde la Alianza Cívica le dijeron todo lo que la mayoría de los nicaragüenses pensamos al mandatario,sirvieron de catarsis para los que no comulgamos con el asesinato de tantos jóvenes. Pero para Daniel Ortega fue oxígeno. Esperó pacientemente, ordenó sus huestes. Trazó su estrategia, armó su ejército propio de paramilitares y recuperó por la fuerza el control de las ciudades. No le importó dominar a sangre y balas. Su propósito era crear las mejores condiciones para sentarse a dictar los términos para seguir en el poder.

Recuperó territorio. Y su fase siguiente es tratar de domesticar a la oposición. Encarcela a personajes que han sido claves en esta rebelión pacífica. Tiene como objetivo descabezar la rebelión (cosa quizás imposible porque no tiene dirigentes únicos). Pero también quiere sembrar el pánico entre los que no son sus partidarios.

La estrategia le ha funcionado. Las marchas no son tan nutridas como en aquel nefasto 30 de mayo, o como en los días de abril. La sombra de los paramilitares armados hasta los dientes ha hecho mella en la determinación de la población civil.

Presos políticos: moneda de cambio para no ceder en temas fundamentales

La acumulación de presos políticos tiene múltiples propósitos. Uno de ellos es causar el terror entre los opositores. Pero también estos presos políticos van a servirle a Ortega en una eventual reanudación del Diálogo. Es parte de la estrategia de no ceder y de no tratar temas fundamentales.

Recordemos que los representantes del Gobierno en los primeros intentos de Diálogo trataron de evitar temas estructurales. Simplemente pusieron que “los tranques” eran el tema central. Ahora la estrategia será en que los presos políticos son criminales. El Estado no los liberará porque es un tema de “justicia”. Los presos políticos serán los nuevos tranques.

Para la Alianza Cívica el tema de la liberación de los presos políticos seguramente será el primer tema de agenda. El Gobierno tratará de desmantelar la rebelión a cambio de la liberación de esos presos. Esa será la única concesión que Daniel Ortega estará dispuesto a dar. Para no ceder en otros aspectos que signifiquen renunciar a cuotas de poder.

Neutralizar interlocutores indeseables: los Obispos

Otra de las condiciones que ha tratado de propiciar Ortega es la de neutralizar a los interlocutores incómodos. En específico no ha querido como mediadores a los obispos Silvio Báez, Abelardo Mata y Rolando Álvarez. Los considera demasiado “bravucones”.

El viaje no confirmado del Canciller Denis Moncada a Roma es el indicativo de que sacar a estos Obispos del Diálogo es crucial para Ortega. A Denis Moncada le cantaron cero, pero Ortega tratará de diluir el peso de estos tres duros participantes de otra manera.

Es precisamente la presencia de estos Obispos, los que hablan directo y sin tapujos, lo que quizás ha evitado que Ortega se siente a negociar ya. Ortega sabe que estos Obispos no le permitirán establecer una agenda a su medida. Sabe que mientras ellos estén allí tendrá que tocar los temas que el país demanda.

El COSEP, el ahora silencioso factor del Diálogo

La Empresa Privada fue uno de los factores que lograron meterle presión en los primeros días de la rebelión cívica. Dos paros nacionales de 24 horas demostraron que tienen el poder para presionar y hacer ceder al Gobierno. Sin embargo, el Gobierno ha encontrado maneras para bajar el nivel de presión de los empresarios.

La carta que se sacó debajo de la manga Daniel Ortega para domesticar a los empresarios fueron los tomatierras. Ortega ideó un sistema para castigar a aquellos empresarios que mostraran abiertamente su oposición al Gobierno y les mandó a invadir sus tierras.

Desde que las tomas de tierra comenzaron, el nivel de exigencia pública del COSEP y ANCHAM han bajado enormemente. Su incidencia dentro de la Alianza Cívica ha sido testimonial en el último mes. Una participación menos beligerante, que incluso podría ser un caballo de troya para los sectores sociales.

Incluir interlocutores a la medida: partidos zancudos

Otra de las condiciones que Ortega trata de imponer antes de sentarse a negociar es incluir a los políticos zancudos en el Diálogo. Principalmente a los políticos zancudos del PLC. Con el PLC Ortega ya tiene una muy conocida historia de arreglos y pactos a la medida.

Daniel Ortega con el único que quisiera conversar es con Arnoldo Alemán. Para el régimen Ortega – Murillo el expresidente Arnoldo Alemán es el “business partner” perfecto. Es como el perro chintano que sirve para cuidar sus intereses, porque podrá ladrar pero no muerde. Y si ladra se amarra o se encierra durante un rato, para que vuelva dócil con la cola entre las patas a lamer la mano del amo.

La inclusión en el Diálogo de este tipo de actores se relaciona también para diluir las voces de la oposición. Una vez instalados actores sin prestigio como el PLC, éstos podrían impulsar arreglos que favorezcan a Ortega o que impidan que éste ceda en cuestiones importantes. En resumen, incluir a los políticos zancudos tradicionales es firmar una nueva versión del “pacto”.

Los objetivos de Daniel Ortega en el Diálogo

Debemos partir de la premisa de que Daniel Ortega se sentaría a negociar con las condiciones propicias para hacerlo. Esto es, estableciendo y manejando el terreno a su conveniencia. Con monedas de cambio para ofrecer: presos políticos, paramilitares activos, terror y miedo infundados en la población. A partir de esa estructura que Ortega va creando, se irán conociendo sus objetivos, que a continuación tratamos de descifrar:

  1. No reconocer responsabilidades en las masacres: Daniel Ortega siempre ha negado responsabilidad del gobierno en la masacre. Así lo hizo desde los primeros muertos en Abril, y así lo continuará tratando de hacer en caso de llegar a un Diálogo. Y por detrás de ese “empecinamiento” que podríamos percibir está la meta de no reconocerse él mismo como criminal. Sabe que de reconocerlo abre la puerta a un juicio futuro por violaciones de derechos humanos. Aunque la masacre existió y él sea responsable, Ortega tratará de negar su responsabilidad hasta morir.
  2. No ceder control en los poderes del estado: Para Ortega es vital mantener el control de las instituciones del estado. Principalmente es básico para Ortega mantener el control del Consejo Supremo Electoral. Mientras tenga el control tanto de los magistrados, pero sobre todo de los Consejos Departamentales y Municipales, Ortega (o quien él decida) puede ganar las elecciones que quiera. Sobre todo si no se deja por sentado el tema de la Observación Electoral, ante garantes que puedan ejercer esa observación.
  3. No adelantar elecciones: Ortega intentará enfriar el “momentum” de las fuerzas opositoras. Por eso no adelantar elecciones es básico. Si en la entrevista con Andrés Oppenheimer se le escapó la posible concesión de un referendum, hay que atribuírselo a un lapsus. Ortega va a forzar a como sea seguir en el poder. Adelantar elecciones es para él perder el juego.
  4. Conservar su capital económico: Probablemente a la pareja gobernante les mueve más el poder que el dinero. Pero no así a sus descendientes. El capital económico lo manejan los hijos de la pareja, y es menester conservarlo. Las pocas concesiones que ha hecho Ortega durante estos meses de crisis han venido tras sanciones internacionales contra sus allegados (Francisco Díaz, Francisco López, Fidel Moreno). Por tanto es una de las únicas armas que tiene la oposición contra el régimen Ortega – Murillo, el apoyo de la comunidad internacional.

Esperanzas para los que se oponen al régimen Ortega – Murillo

Si hacemos un ejercicio de realidad, Ortega y Murillo han recuperado cierto nivel de control. A través de la muerte y el terror han recuperado espacios, tiene control físico del país. Pero se engañarían solos si creen que tienen el control de la voluntad popular. La masacre de más de cuatrocientos nicaragüenses no es algo que va a pasar fácilmente al olvido.

Presión popular en las calles y espacios públicos

La presión en las calles, a pesar de la presencia de paramilitares, es fundamental para poder ejercer presión sobre Daniel Ortega. Pero deben ser demostraciones organizadas y multitudinarias.

Ortega ha demostrado tenerle miedo a los plantones prolongados. Mandó a atacar OcupaINSS, en junio de 2013, porque sintió que era un plantón legítimo que podía volverse un problema más grande. Policías vigilaron la actuación de los integrantes de la Juventud Sandinista, quienes con violencia desalojaron a protestantes de la tercera edad y jóvenes que apoyaron este plantón. La protestas se dieron para reclamar por la pensión reducida a ancianos que no cumplieron con el número de semana requeridas para su jubilación. Fue la precursión y el anuncio de lo que sucedería en Abril 2018.

Ortega - represión OCUPAINSS

Mandó a desalojar a los familiares de presos en El Chipote porque se estaba reuniendo demasiada gente en ese lugar, con presencia de muchos activistas e incluso de Obispos y religiosos pidiendo liberación de presos políticos. Y sobre todo debemos recordar la represión a la Marcha del Día de las Madres, un día trágico en el que Ortega demostró su miedo a las multitudes.

Daniel Ortega le tiene temor a la gente en las calles. Es por eso que implementó su ejército de paramilitares. Sabe, por ejemplo, que la ocupación de la Plaza Maidan en Ucrania, fue el detonante de la salida del presidente Viktor Yanukóvich. Fue una ocupación espontánea y prolongada que terminó con un gobierno que también usó paramilitares para asesinar a manifestantes. Las similitudes que Ortega ve en las ocupaciones prolongadas son demasiadas, y no quiere tener el mismo final que Yanukóvich.

Presión Internacional para retomar un Diálogo serio

La presión internacional es otro de los temores del régimen Ortega – Murillo. Han querido evitar que el tema se toque en los foros internacionales. La última resolución de conformación de un grupo de la OEA para venir a Nicaragua a verificar la situación del país ha sido un golpe duro para sus aspiraciones de Monólogo. Sabe que con actores internacionales montar su show mediático de historia tergiversada será más difícil.

OEA Grupo de Trabajo

Actores internacionales presentes en el Diálogo forzarían a Ortega a sentarse a negociar temas fundamentales. Y eso podría tener un costo alto para el régimen.

Esta semana se anunció la conformación del Grupo de Trabajo de la OEA para la situación en Nicaragua. Y la reacción del Canciller Denis Moncada fue la esperada: rechazar la conformación del grupo y decir que no se permitirá su entrada a Nicaragua.

Daniel Ortega es alérgico a cualquier tipo de observación internacional. Él defiende su posición llamando injerencismo a cualquier acción internacional. Quiere hacer y deshacer dentro de Nicaragua, porque para él y Murillo Nicaragua es su finca.

Sanciones Internacionales para Ortega y sus allegados

Las sanciones que el Gobierno de Estados Unidos han efectuado contra funcionarios o personas cercanas al régimen han tenido impacto. Con la sanción de Roberto Rivas, ex-presidente del CSE, éste tuvo que renunciar posteriormente. Las sanciones a Francisco Díaz, Francisco López y Fidel Moreno también han trastocado al menos la estructura financiera de instituciones y empresas ligadas al Gobierno.

A inicios de Agosto, a petición de la congresista Ileana Ros-Lehtinen, sería presentada a la administración del presidente Trump para sancionar a cuatro personajes importantes para Ortega y Murillo. Sonia Castro, Gustavo Porras, Laureano Ortega y Juan Carlos Ortega.

Gustavo Porras es actualmente el presidente de la Asamblea Nacional. Por tanto el mensaje de los Estados Unidos sería fuerte y claro. Mientras que Laureano y Juan Carlos son importantes en el manejo de negocios de la familia y han sido voceros y defensores de las acciones de sus padres en estos tiempos de crisis. Los congresistas que piden su sanción los señalan por corrupción y por abusos de derechos humanos.

La intención de los congresistas que firman la petición, para sancionar a estas cuatro personas, es forzar al régimen de Daniel Ortega a sentarse a negociar de manera seria. La amenaza es que estos cuatro “nominados” no tengan vida financiera fuera de Nicaragua.

El costo de la crisis para Ortega y Murillo

Aunque Daniel Ortega y Rosario Murillo logren reprimir la rebelión cívica que comenzó en Abril, el costo para ellos ya es muy alto. La gran mayoría de la población está clara de la responsabilidad del Gobierno en las más de cuatrocientas muertes. Números estratosféricos para un país tan pequeño como Nicaragua. Evidencia de la crueldad durante estos meses de exilio, prisión y muerte. La gran mayoría de los nicaragüenses han perdido el respeto por la pareja gobernante.

Los discursos de paz, fraternidad y demás verborragia barata de La Compañera en sus comparecencias diarias tienen ahora un efecto de repugnancia en la mayoría de los ciudadanos. Para Ortega y Murillo les ha quedado un apoyo del núcleo duro del orteguismo, cuyas conciencias fueron compradas con puestos de trabajo y prebendas económicas. Un grupo compuesto también por fanáticos de izquierda que todavía piensan que Ortega y Murillo son los mismos de la Revolución de 1979.

La gran cantidad de empleados estatales, en silencio, también tendrán un papel fundamental cuando se de la posibilidad de elecciones limpias y transparentes. Más de diez años acumulados de humillación para mantener un trabajo público son fuertes motivos para terminar con la dictadura de facto. Hoy los empleados públicos podrán llenar las plazas cuando el régimen hace sus convocatorias obligatorias. Pero cuando estos empleados estén frente a una boleta marcarán la casilla del gobernante que les permita pensar y vivir en libertad.

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